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La tarjeta comercial:
Decálogo de diseño de la herramienta
de marketing Nº 1
Por Alejandro Bottini
Las tarjetas comerciales son la mejor
herramienta para darse a conocer. Hay situaciones en las que no es
adecuado entregar un folleto o una carpeta, pero la tarjeta es la
herramienta todo terreno imprescindible.
En el ámbito comercial es como la
corbata, si está es probable que pase desapercibida, pero si no está…
es un “ruido” importante el que genera en el interlocutor. Justamente
este artículo habla sobre las maneras para lograr que la presentación
de una tarjeta no pase desapercibida, como debe estar dispuesta la
información, los soportes, los colores, los formatos y
fundamentalmente el concepto a través del siguiente decálogo:
1. Coherencia: la tarjeta es
parte de un paquete de elementos que los diseñadores llamamos
"papelería comercial” que a su vez está dentro de otro más grande que
es la “imagen corporativa”. Este paquete entre otras cosas puede
contener papel y sobre membretado, facturas, remitos, recibos,
cabeceras para faxes (si es que aún se usan), correos electrónicos y
por supuesto la estrella de este artículo: la tarjeta.
A pesar de ser generalmente una
solitaria jugadora de punta no puede ser diferente conceptualmente al
resto de sus compañeros de equipo, debe mantener la unidad estilística
del conjunto, por lo tanto si la empresa o el emprendimiento ya
cuentan con una imagen corporativa, ésta se debe reflejar en la misma.
2. Estética vs. belleza: es una
sutil diferencia de conceptos fundamental para el diseño. El diseño no
es maquillaje y las tarjetas no son ajenas a ello. La belleza
comprende un uso artístico del color y la disposición de los elementos
en el plano para transmitir sentimientos.
Pero no es eso lo que necesita, es una
herramienta y como tal tiene un objetivo práctico, todos los elementos
que la conforman primero deben cumplir ese objetivo, luego hacerla
parecer bonita. Si logra que se cumplan los objetivos del diseño será
naturalmente estética, que no es más que belleza emergente de un fin
práctico en un objeto.
3. Diferenciación, la piedra
filosofal del marketing: ¿Cómo hacer para que no sea olvidada
entre otras decenas dentro de un tarjetero? Aquí se presenta un
problema cuya solución solo puede encontrarse apelando a la
creatividad y la innovación, o sea ¡al diseño! Que se ocupa de los
siguientes aspectos:
4. Formato: la tarjeta
convencional mide 9 centímetros de ancho por 5 de alto, es apaisada y
de ángulos rectos. Esto está muy bien, responde a un estándar. Las
tarjetas que cumplen con esta convención son fáciles de almacenar y
transportar, también son fáciles de producir y menos costosas pero
también son fáciles de confundir y olvidar.
Ahora bien, las reglas están hechas
para romperse y haciéndolo logrará destacarse entre la multitud.
Pueden verse tarjetas de diseño vertical, con ángulos redondeados,
cuadradas, circulares, con “tapita” como si fueran un pequeño folleto
“díptico”, con funda, agujereadas, troqueladas con formas orgánicas
simulando flores, o menos poéticas tipo riñón o chuleta, no hay límite
¡sea creativo!.
5. Color: La experiencia sugiere
no usar ni más ni menos que dos colores, al menos que realmente se
justifique. Obras maestras de la pintura clásica se han pintado sólo
con dos colores. Uno expresado en una variada escala de valores y otro
generalmente complementario aplicado en su mínima expresión en el
lugar justo, para generar interés, encender, hacer vibrar y enaltecer
la obra. Las tarjetas “full color”, con colores primarios plenos o
impresas solo en negro, transmiten generalmente baja calidad.
Pero como nada es palabra escrita en
piedra, la tarjeta debe destacarse y el color es un buen recurso para
lograrlo. Si ya existe una imagen corporativa resuelta, se deben
respetar los colores de la misma. El color es un evento que sucede
naturalmente, se puede analizar desde le punto de vista de la física,
la química y la psicología, muchas teorías sobre él se han escrito a
lo largo de los años, las psicológicas son las que más han cambiado,
por ejemplo: el color azul era el infaltable en la imagen de un banco
o de una empresa que quería transmitir seguridad, pero actualmente se
ven logotipos bancarios que incluyen el rojo o el naranja, para
transmitir dinamismo. Esto ocurre porque lo que sabemos cambia, lo que
el mercado sabe cambia, lo único constante es el cambio.
6. Soporte: generalmente es
cartulina blanca. Actualmente se usan buenas imitaciones de la clásica
Opalina Belga. Lo más conveniente es que esta sea de buen espesor,
entre 300 y 400 g. por metro cuadrado. Pero siguiendo con la línea del
artículo, si lo que necesita es destacarse y que se la recuerde ¿por
qué no pensar en variantes? También en este caso pueden verse muchas
alternativas, tarjetas impresas sobre chapa, plásticos opacos o
translúcidos, cartulinas artesanales, texturadas, CD con formato de
tarjeta, un sinfín de materiales, todos válidos. Recuerde que una
buena idea debe tener en cuenta la practicidad, no es conveniente
ofrecer una tarjeta estampada en chapa que no quepa en ningún
tarjetero.
7. Tipografía: es el elemento
esencial del diseño gráfico. El diseño de una fuente tipográfica es
algo tan complejo que se ha creado casi desde el nacimiento de la
profesión una especialidad, la de tipógrafo. Para dar algunas reglas
ínfimas y básicas, los caracteres tipográficos se agrupan o clasifican
de la siguiente manera: normal, bold, itálica o versalita.
Pertenecen a tres grandes familias: con
serif o romanas, de palo seco o sans serif y
manuscritas o caligráficas. Además existen muchas variantes híbridas
fruto de la facilidad de crear tipografías por computadora que son de
difícil clasificación. Cabe mencionar otras cuestiones pertinentes
como la condensación, la expansión, el interletrado, interlineado y la
relación entre tamaños o cuerpos.
Todas estas variables combinadas
apropiadamente tienen la capacidad de transmitir la intencionalidad
del mensaje lo que en comunicación se denomina meta mensaje. Por
ejemplo, una letra románica o con serif entre otras cosas transmite
seriedad, una de palo seco modernidad y una manuscrita calidez humana.
El manejo de la relación de tamaño entre los caracteres permite
jerarquizar los contenidos.
8. Diagramación: cuando los
diseñadores utilizamos este término hacemos referencia a cómo van a
estar dispuestos los diferentes elementos en la tarjeta. Adonde va a
ir el logotipo, el nombre, el cargo, la dirección y los teléfonos.
También en este punto puede observarse que depende de cómo se ubiquen
los elementos en el plano pueden crearse sensaciones de tensión,
equilibrio, movimiento, transgresión, innovación y una importante
cantidad de mensajes “subliminales” que apoyan el carácter que se
quiere transmitir.
Para diagramar es común que los
profesionales del diseño apelemos a una grilla constructiva de base,
que no aparece visible pero “sostiene” visualmente a los elementos.
Como mencioné anteriormente, las reglas son para romperse, las grillas
también.
9. Efectos especiales y postprensa:
en su artículo “La tarjeta personal: el otro vendedor silencioso” el
consultor argentino en estrategia creativa y redacción Ricardo
Palmieri, menciona que el relieve en la impresión se ha dejado de usar
por el abuso en que se incurrió en las dos décadas pasadas y coincido
con lo expresado. El “termorrelieve”, así se denomina el artilugio,
consiste en mezclar la tinta con un polímero sensible al calor.
Se imprimen las tarjetas con esa mezcla
y luego se secan en un hornillo logrando que el polímero se expanda
dando así la sensación de relieve. Pero hay una forma de utilizar el
relieve de una manera más ortodoxa y por decirlo de alguna manera, con
resultados más dignos, es el “cuño seco”. Si bien una tarjeta impresa
en tinta roja, diagramada en vertical, usando una familia tipográfica
“modernosa” con termo relieve puede parecer ridículamente ostentosa,
una tarjeta con un escudo heráldico estampado con un cuño seco, con
diagramación central clásica y con tipografía románica impresa en gris
oscuro expresa todo lo contrario.
Si bien la impresión offset aún no ha
sido superada también puede recurrirse a métodos de impresión más
artesanales como la serigrafía o la tipografía, estos métodos logran
efectos propios acentuando la comunicación. La diversidad de acabados
y de posibilidades de tratamiento en la post impresión actualmente son
muchos, se pueden realizar barnizados, laqueados brillante o mate,
laminados con polipropilenos de diferente textura y brillo, o la
combinación de estos de manera sectorizada, estas posibilidades
aumentan y resaltan la “experiencia de uso” de la tarjeta.
10. Concepto: ¡bien! Todo lo
antedicho es fundamental, pero… no tiene ningún sentido si no logra
que la tarjeta diga algo. Obviamente las tarjetas no hablan. Lo que
dicen lo cuentan de una manera silenciosa y más vale que transmitan el
mensaje correcto. Debe lograrse que sea congruente con la imagen de
quién la extiende, que debe estar a su vez alineada con el mercado
objetivo de mejor oportunidad.
Expresar claramente lo que hace, la
manera en que lo hace y que además sea lo que el “target” desea
escuchar ¿es mucho pedir para sólo una tarjeta? Sin duda, pero es
posible lograrlo, en el siguiente sitio:
http://www.flickr.com buscando “Business cards” en “photos”,
encontrará una enorme cantidad de ejemplos. Hay quienes incluyen una
fotografía en sus tarjetas apelando a la memoria visual de sus
receptores, lo cual no es mala idea. Las ilustraciones y fotografías
son grandes comunicadores de mensajes, pero se debe tener en cuenta
que es lo que piensa el mercado al respecto.
Las tarjetas no sólo tienen que ser
lindas, tienen que ser correctas. También es buena idea diseñar dos
modelos distintos de tarjetas para ser presentadas en diferentes
ocasiones o ámbitos, una comercial que resalte la ocupación y otra el
nombre y apellido, más institucional.
Un tema importante a tener en cuenta es
el costo de diseño e impresión de las tarjetas. Lo más conveniente es
que las tarjetas sean parte de un plan de comunicación que abarque las
diferentes áreas de la empresa. Dentro de ese presupuesto global el
costo del desarrollo de las tarjetas es ínfimo, pero si no fuera el
caso y se decide encarar solamente la tarjeta, no es el elemento con
el que convenga ahorrar.
Es una herramienta fundamental en la
creación de una nueva relación, generalmente es entregada a un
contacto importante que representa un negocio potencial y en un
mercado cada vez más competitivo no puede darse el lujo de perder
oportunidades. Cada centavo invertido en el diseño y la producción de
las tarjetas será recuperado con creces.
alebottini@ab-cd.com.ar
Consultor en Diseño y Comunicación
Visual.
Desarrolla su profesión desde temprana
edad, trabajando durante ocho años en agencias de publicidad de primer
nivel.
Fundó varias empresas relacionadas al
diseño, los medios de comunicación y la gráfica desempeñándose como
Diseñador, Director de Arte, Comunicador Visual, Ilustrador y
Consultor. Preside actualmente AB-CD, Alejandro Bottini Comunicación &
Diseño, aliado a profesionales del marketing y la gestión de la
calidad. Trabaja para una diversa cartera de clientes locales e
internacionales, siendo responsable de la gestión de imagen y marca en
diferentes medios: gráficos, audiovisuales y digitales. Actualmente es
profesor titular de la cátedra sobre Gestión del Diseño Gráfico en la
Fundación Gutenberg.
Se lo puede ubicar a través del (+54)
(911) 15-6361-9270 y de
alebottini@ab-cd.com.ar © Alejandro Bottini, 2007. Todos los
derechos reservados.
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